lunes, 28 de mayo de 2012
Feliz Cumpleaños Dr Felipe Nieri - Bugiardi Noi de Umberto Bálsamo - Roma
sábado, 21 de abril de 2012
Gloria y el Chinito - Helwa Calvo Soriano
sábado, 7 de abril de 2012
Mi tío Salvador, sus abejas y mi tío Mario - Helwa Calvo Soriano
La Granja de Puente Piedra de Don Víctor Fuentes Soriano
Hubo de pasar mucha agua bajo el río, para que supiera la verdadera razón por la que solo me escogía a mí como su apoyo, a pesar de mis protestas: cuando tenía casi siete años, él me diagnosticó un proceso de fiebre reumática y en ese momento estaba en boga la idea que la picadura de abejas evitaba cualquier posible secuela, lógicamente él debía aprovechar la oportunidad que se le presentaba a pesar de mi enojo; esta razón es creo yo, más que suficiente.
Además, no podemos olvidar que mi tío Salvador presenció la horrible escena del burro, cuando queriendo montarlo di de gritos, llena de terror: convencido que me haría mucho bien vencer mis temores me obligó a enfrentarlos; él quería que
su ahijada sea una chica fuerte y valiente y creo que sin duda sus abejas me ayudaron a serlo.
Siempre hemos sabido que mi tío Salvador, todos los sábados pone los panales en sus bandejas, acomodados verticalmente para que durante la noche chorreen la miel que él recogerá a la mañana siguiente. Hasta ese momento, a nadie se le había ocurrido ir a robarla ( a pesar que sabíamos que las abejas estarían durmiendo) mas sucedió que mi tío Mario antes de ir a dormir quiso hacer una golosa incursión en la zona, y en la total penumbra creyendo encontrar un pedazo de cera llena del riquísimo manjar de las abejas saboreó, succionó y mordió con fruición a una pobre abeja, que aterrada y adolorida, no pudo hacer otra cosa que clavarle su cruel aguijón, originándole
una gran inflamación, que por dos días no le permitió hablar con claridad, ni cerrar bien la boca; siendo por supuesto, víctima de burlas y risas sin fin.
Ah, esos recuerdos infantiles tan dulces como la dulce miel de las abejas de mi tío Salvador.
Helwa Calvo Soriano
viernes, 6 de abril de 2012
La Granja de Puente Piedra : Guillermo y el tío Enrique - Helwa Calvo Soriano
La Granja de Puente Piedra de don Víctor Fuentes Soriano
De regreso,íbamos directamente a la casa de la Trini, al fondo, después de los gallineros, allí vivía la familia que cuidaba todo el año la marcha de la granja; íbamos apresurados, mejor dicho corríamos, a tomar nuestro primer desayuno, sentados en el suelo devorábamos una riquísima “sopa verde” en típicos mates que la conservaban caliente; haciendo rueda, conversábamos contentos con la Trini y sus hijos, haciendo sobremesa.
Después de muchos años descubrimos el misterio de la evolución de su sopa, primero era solo de huesos, papas y fideos sazonada con el aromático y verde paico; luego la base era una sopa de gallina y tenía también huevos batidos y queso; sucede que papá Víctor secretamente siempre intervenía para conseguir que nuestras vacaciones sean inolvidables y vaya que lo consiguió.
Don Víctor Fuentes Soriano, Guillermo y Bita, al costado Nania, encima Mario, a la derecha de Chita . César casi invisible hace viscera con su mano izquierda.
El Palomar de fondo, todos comiendo la Pachamanca...
Los sábados, papá Víctor venía acompañado de la tía Consuel, su hija y mejor colaboradora y nuestra aliada incondicional; entonces también con ella, los domingos temprano íbamos a la Laguna de Choqué, hermosa poza natural de piedras y aguas cristalinas, rodeada de verdor; que estaba a pié, a pocos minutos de la granja; chapoteábamos y reíamos sin fin hasta el medio día que iniciábamos el retorno, cansados pero felices.
Cuando fuimos a Choqué por primera vez, descubrimos, casi al borde del camino un gran árbol, era un níspero llenecito de frutos maduros y entendiéndonos solo con los ojos, no hicimos comentario alguno .
Árbol de Nísperos
El día lunes siguiente nos reunimos- después del segundo desayuno, servido por mi mamá: leche caliente con oloroso pan recién horneado untado de mantequilla y miel de abejas-para planear una aventura que resultó histórica; ir a la chacra donde vimos las hermosas níspolas y traernos todas las que pudieran alcanzar en la canasta; debo reconocer que la idea nació de mi imaginativo y nunca bien ponderado tío Mario. Siguiendo sus instrucciones, avisamos a mi tía Raquel de nuestros planes, que dicho sea de paso no le gustaron en absoluto, y ella se quedó con Guillermo y Nanya, considerados muy pequeños para participar.
Nísperos...una tentación
Pronto estábamos al pié del níspero : Mario y César trepados, tiraban los frutos que Gloria y yo recogíamos, realizábamos la tarea conteniendo el aliento y tratando de hacer el menor ruido posible; de pronto… escuchamos sobrecogidos una voz grave y furiosa : ¡FUERA! ¡FUERA! ¡LADRONES! más pronto de lo que yo me demoro en contarlo ya estábamos corriendo, pero sin abandonar el botín, cuando nos ensordece el trueno de un escopetazo; sin parar de correr, a pesar del temblor intenso que recorría nuestros cuerpos, llegamos a la granja casi sin aire.
¡Cómo nos costó callar lo sucedido! Escondimos la canasta y estábamos tratando de recobrar la calma, cuando unos fuertes golpes en la gran puerta nos sobresaltaron.
Mi tío Enrique (Hermano de mi abuelo) estaba cerca y fue a abrir, encontrándose
con un vecino furioso que decía haber seguido a unos chicos que habían robado sus frutas; nosotros, que estábamos “bien escondidos” detrás de una pared de calamina que se iniciaba a unos quince centímetros del suelo, dejando ver una fila de pequeños zapatos; escuchamos sorprendidos las protestas de mi tío: “Aquí, no hay niños, se ha equivocado de casa”, el señor pidió disculpas y se retiró.
Nísperos
Muchos años después supimos que mi tío protestaba ante los reclamos señalando nuestros pies y haciéndole señas de que él pagaría los nísperos; estaba bien adiestrado por mi abuelito y colaboraba para que nuestras vacaciones estén llenas de aventuras. Mi tío Enrique era muy buena persona, alegre y gracioso; blanco, alto y de nariz prominente y enrojecida , ojos claros y cabello cano; todos los días lo veíamos trabajar haciendo lo que sería luego un hermoso palomar de cien nidos, pero no le gustaba que cogieran sus maderas, ni las más pequeñas, lo que por supuesto hacía renegar a Guillermo, que quería usarlas para hacer sus propias construcciones.
Un día, ya cansado de ser rechazado, mirándolo se fue lejos de su alcance y gritó “Tío Enlique, tío Enlique“, Él se volvió a mirarlo y Guillermo haciendo un claro gesto con la mano en la nariz continuó “Tío Enlique, naliz de Locotón" (nariz de rocotón, rocoto grande).
El querido Tío Enrique "Locotón" Soriano...
El sorprendido, hace ademán de seguirlo amenazándolo con el serrucho y luego, al verlo fuera de su vista, se apoya en la pared para no caerse de tanta risa. Creo que estas dos anécdotas memorables, les servirán para conocer a mi tío abuelo Enrique Soriano, hermano y amigo de papá Víctor, que también nos acompañó muchas veces en la granja de Puente Piedra y puso su granito de arena para construir no solo el bello Palomar, si no ese hermoso castillo lleno de recuerdos que hoy evoco.
Helwa Calvo Soriano
El Gato Silvestre copió la narizota ...
Rocotos que quedan chicos...
Edita Guillermo Calvo Soriano
lunes, 2 de abril de 2012
Yuri Gagarin - Homenaje al Primer Hombre en el Espacio
domingo, 5 de febrero de 2012
Las Lagunas de Chilca - Helwa Calvo Soriano
Laguna "La Encantada" de Chilca
Entre las ramas repletas de verdor, se filtran algunos rayos de sol, amanece, las flores multiplican sus colores en el agua, me sumerjo una y otra vez en "La Encantada", hermosa laguna surgida en medio del arenal, como un milagro, rebosante de plantas y pájaros, es el oasis donde vamos todos los días , disfrutamos de su tibieza y de la belleza que la rodea sin sentir el paso del tiempo, cuando escuchamos a Papá Víctor: Negra, (mi mamá) César, Gloria, Bita Maya….-Bita Maya, solo él me llama así- (Helwita María, quería decir yo, cuando apenas aprendía a hablar) me llena de tanta ternura recordarlo; viene a llevarnos a almorzar, es domingo y no faltará a la mesa una ensalada de yuyos con pescado frito, recibido alborozadamente por todos.
Don Víctor Fuentes Soriano
Para comenzar por el principio, contaré que mi abuelito ha alquilado una pequeña casita cerca a las lagunas, imán del viaje, que durará un mes completo, casi no podemos creerlo, estamos emocionadísimos. Hemos estado anteriormente algunos domingos en Chilca, pero ahora serán muchos, muchísimos días, sin duda inolvidables.
No pudimos dormir bien la víspera y sin embargo, tempranísimo ya estábamos conversando en susurro para que no nos escuche mi mamá, y ella se hace la dormida para que nosotros disfrutemos del supuesto engaño. Tomamos el desayuno y bien peinados y mejor compuestos estábamos, cuando llegaron mis tías Consuel, Raquel y Enma; Papá Víctor y Gloria a recogernos. Llegamos, estábamos tan contentos, pero había que ver el brillo de felicidad en los ojos de mi madre; las mejillas sonrosadas por la alegría de mi tía Consuel y la húmeda mirada de mi abuelito, para comprender lo importante de este paseo para este bullangero grupo de niños.
César, Gloria, Graciela
Los días son maravillosamente rutinarios, está oscuro todavía cuando tomamos el desayuno apresuradamente para ir a "La Encantada", donde gozamos de los primeros rayos de sol; al mediodía almorzamos lo que prepara tía Enma( que siempre pone en mi plato alguna yapa), quien no es precisamente una discípula de Gastón Acurio, pero igual dejamos los platos vacíos, aunque reconozco todos extrañamos la sazón de mi mamá; Papá Víctor quería que mi mamá esta vez, no se ocupe de la cocina y disfrute de unas bien merecidas vacaciones.
Laguna "Mellicera"
Después del almuerzo, descansamos lo más brevemente posible y nos encaminamos a "La Mellicera", que no está rodeada de vegetación pero es más grande, lo que nos permite jugar con más libertad. Luego del lonche, alrededor de las cinco vamos a "La Milagrosa", que es inmensa, la más grande de todas, hacemos competencias de natación y de carreras- que son sumamente difíciles por la tierra lodosa del fondo y por la densidad del agua, estamos allí hasta que oscurece, divirtiéndonos muchísimo.
La única variación que nos permitimos en nuestro disfrute diario, es intercambiar el orden de las lagunas grandes, porque "La Encantada" tiene asegurado su turno, siempre inaugura nuestro día ya que es más bella cuando despunta el sol.
Iglesia de Chilca
El domingo lo esperamos con mucha ansiedad, porque llega con nuestros queridísimos: tía Consuel y Papá Víctor, ellos siempre nos sorprenden con alguna novedad: por ejemplo una caminata por los alrededores del pueblo, mientras nos cuentan de los continuos avistamientos de ovnis y mi abuelito aprovecha para pedirnos que opinemos al respecto, y así, el regreso se hace más corto, terminando con unos dulces helados.
Punta "Yaya"
Otro domingo hacemos un paseo a la playa “Punta Yaya” que es la más cercana, debemos remontar una alta loma para llegar, lo que implica una diversión agregada. La playa es amplia y el mar calmo, muy apropiado para entrar hasta pasar el rompiente; Gloria, César y yo retozamos a gusto con mi mamá, tía Consuel y Papá Víctor que son excelentes nadadores, después salimos ayudados con la fuerza de las olas a jugar en la orilla con tía Raquel, Nania y Guillermo que no se cansan de hacer construcciones de arena húmeda.
Aplicación del barro
A mi abuelito Víctor le gusta mucho ir a la "Laguna Grande", cruzar, y en la otra orilla se embadurna todo el cuerpo con el negro y brillante lodo del fondo, se recuesta al sol hasta secarse por completo y finalmente se sumerge y nada suavemente hacia nosotros, saliendo completamente limpio.
Bita, Graciela y Guillermo
Muchas veces, en estos años he vuelto a Chilca, a sus lagunas, el pueblo ha crecido y se ha modernizado, está bonito; pero el pequeño pueblito de mis recuerdos es más acogedor, más íntimo; la casita ya no existe, en su lugar hay una nueva, más moderna; pero no importa, a la pequeñita, a la antigua no la podrán tumbar de mi memoria porque está allí, llena de mis bellos recuerdos ...
Helwa Calvo Soriano
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El largo recorrido hacia la playa atravesando un cerro se hacía corto caminando al lado de mi Papá, Don Víctor Fuentes Soriano, padre y abuelo a la vez ... un doble regalo de la vida... El descenso era muy rápido entre gritos de gran júbilo por llegar al mar desierto , solo para nosotros ...
Recuerdo el olor fétido del barro de las lagunas de Chilca aplicado en la cara, pero es para mi mas ingrato el olor y el sabor de unos amargos frejoles Castilla sazonados con un rancio aceite de lámpara, como menú de almuerzo y comida, de lunes a sábado, todo el mes...realmente la tía Enma nos hacía sufrir con su sazón...Los domingos eran otra cosa ante la presencia de Don Víctor,quien nos alegraba el corazón y también el estómago con su entrañable presencia...
Dr Guillermo Calvo Soriano


















